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Apartado actual: El Museo
Museo de Albacete
El Mundo Ibérico en el Museo de Albacete
Sin duda el ibérico constituye uno de los periodos más esplendorosos en el territorio de la actual provincia de Albacete, y por ello, en el museo, se le dedican varias salas
La primera recoge las aportaciones arqueológicas de los poblados excavados, partiendo de los más antiguos como La Quéjola, donde se perciben las influencias orientales en piezas como el magnífico Thymiaterio o quemaperfumes de bronce, hasta los más recientes como El Amarejo, en el que la excavación de una favissa o pozo ritual ha proporcionado ricas y variadas piezas: inscripciones en plomo, vasos de libación zooformos, braserillos rituales, etc, además de numerosas cerámicas y otros objetos de distinta naturaleza y función, como el armazón de hierro de una rueda de carro.
La siguiente sala esta dedicada a los santuarios
ibéricos. El santuario del Cerro de los Santos fue un importante centro
religioso que se caracteriza por las numerosas esculturas humanas en piedra que
fueron ofrecidas como exvotos. En esta sala se pueden contemplar una amplia
variedad de figuras masculinas y femeninas (cabezas, bustos, damas sedentes,
oferentes…) que además de mostrar el mundo de las creencias, ilustran sobre las
vestimentas, tocados o joyas usados por los íberos. Junto ellas se muestran
otros elementos del propio templo así como exvotos de animales y utensilios
para los ritos.
Otro espacio nos introduce en las necrópolis ibéricas. En las diferentes vitrinas se muestran cerámicas griegas y cerámicas ibéricas de imitación griega, marfiles etruscos, falcatas, cascos, cuchillos, urnas funerarias, cerámicas pintadas con motivos funerarios, pendientes, collares, anillos etc.
Enlazada y como complemento de la anterior, la siguiente sala se dedica a los propios monumentos funerarios. Hubo tumbas en forma de torre, como la de Pozo Moro (Chinchilla de Montearagón) en el Museo Arqueológico Nacional y de la que se muestra una fotografía; en forma tumular rematadas por esculturas; pilares estela coronados con animales protectores etc. La escultura funeraria (ciervos, caballos, jinetes a caballo, leones, toros…), complementaba esas construcciones y mostraba la riqueza del allí enterrado, además de protegerle.


