El contenido de la expresión "patrimonio cultural" ha cambiado bastante en las últimas décadas, debido en parte a los instrumentos elaborados por la UNESCO. El patrimonio cultural no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional.

Se entiende por "patrimonio cultural inmaterial" los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad, contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

Pese a su fragilidad, el patrimonio cultural inmaterial es un importante factor del mantenimiento de la diversidad cultural frente a la creciente globalización. La comprensión del patrimonio cultural inmaterial de diferentes comunidades contribuye al diálogo entre culturas y promueve el respeto hacia otros modos de vida.

El patrimonio cultural inmaterial es:

  • Tradicional, contemporáneo y viviente a un mismo tiempo: el patrimonio cultural inmaterial, no solo incluye tradiciones heredadas del pasado, sino también usos rurales y urbanos contemporáneos, característicos de diversos grupos culturales. 
  • Integrador: podemos compartir expresiones del patrimonio cultural inmaterial que son parecidas a las de otros. Tanto si son de la aldea vecina como si provienen de una ciudad en las antípodas o han sido adaptadas por pueblos que han emigrado a otra región, todas forman parte del patrimonio cultural inmaterial: se han transmitido de generación en generación, han evolucionado en respuesta a su entorno y contribuyen a infundirnos un sentimiento de identidad y continuidad, creando un vínculo entre el pasado y el futuro a través del presente. El patrimonio cultural inmaterial no se presta a preguntas sobre la pertenencia de un determinado uso a una cultura, sino que contribuye a la cohesión social, fomentando un sentimiento de identidad y responsabilidad que ayuda a los individuos a sentirse miembros de una o varias comunidades y de la sociedad en general.
  • Representativo: el patrimonio cultural inmaterial no se valora simplemente como un bien cultural, a título comparativo, por su exclusividad o valor excepcional. Florece en las comunidades y depende de aquéllos cuyos conocimientos de las tradiciones, técnicas y costumbres se transmiten al resto de la comunidad, de generación en generación, o a otras comunidades.
  • Basado en la comunidad: el patrimonio cultural inmaterial sólo puede serlo si es reconocido como tal por las comunidades, grupos o individuos que lo crean, mantienen y transmiten. Sin este reconocimiento, nadie puede decidir por ellos que una expresión o un uso determinado forma parte de su patrimonio.

Castilla La Mancha ha presentado la candidatura de "La Tamborada de Hellín" (Hellín, Albacete) a la lista indicativa de la UNESCO.

La Tamborada De Hellín

La Tamborada de Hellín forma parte de la celebración de la Semana Santa y reúne la mayor cantidad de tambores de todo el mundo. Veinte mil tamborileros estremecen las calles de un casco antiguo de singular belleza, declarado Conjunto Histórico Artístico. Los tambores son un complemento esencial de las procesiones, en las que se muestra una imaginería religiosa de consagrados escultores. Las múltiples manifestaciones de este fenómeno social y cultural, que gira alrededor del tambor, han logrado que la Tamborada sea declarada fiesta de Interés Turístico Nacional e Internacional, gozando de un merecido prestigio en el conjunto de las tradiciones españolas.Esta costumbre pasa de padres a hijos, y se fundamenta en la existencia de miles de agrupaciones de tamborileros, que reciben el nombre de peñas, que a su vez establecen sedes donde desarrollan sus actividades. Estos locales, repartidos por los rincones más pintorescos, se convierten en auténticas exposiciones de material etnográfico.La Tamborada de Hellín es todo un fenómeno de dinamización social y cultural, pues se manifiesta a través de múltiples aspectos: el redoble de tambor, la artesanía, la gastronomía, el escaparatismo, el dibujo y la pintura, la literatura, la fotografía, la escultura, etc...

La Tamborada de Hellin (Provincia de Albacete). Autor, José Antonio Iniesta

Más de veinte mil tamborileros participan en las distintas tamboradas, ataviados con túnica negra y pañuelo al cuello, redoblando con vistosos tambores, todos ellos diferentes, lo que genera imágenes de una gran belleza. Se toca con un ritmo muy acelerado, de exaltación de los sentidos. A todo ello se une la valiosa aportación de una artesanía que en su diversidad nos muestra auténticas obras de arte. El júbilo de los tamborileros se propaga por las calles al tiempo que redoblan con toques típicos, identificados con sus propios nombres. El espectáculo, en conjunto, fascina a quien lo contempla, por la interminable variedad de matices que se observan, como pueden ser los duelos rituales, el simbólico lenguaje del sonido entre dos tamborileros o la convivencia absoluta sin distinción de edad, sexo o clase social.

La Tamborada tiene la característica esencial de que todo el mundo toca espontáneamente, con sus particulares redobles, mostrando la grandeza de la diversidad que hace posible que existan muchísimos e invisibles lazos de unión en una concentración tan grande de tamborileros.

Es, por encima de todo, una tradición muy antigua y arraigada en la conciencia popular. La esencia de las distintas tamboradas se fundamenta, indiscutiblemente, en la participación colectiva de miles de hellineros. El principal valor de esta celebración es la espontaneidad, la capacidad de dar vida a algo tan asombroso como un encuentro multitudinario, respondiendo todos al unísono. El espacio y el tiempo sagrados de la intervención individual y colectiva lo marca la tradición.